Siempre hay una salida a la derecha (o a la izquierda)

Dice Ireneo Funes en el cuento de Borges: “Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo” Puedo presumir de memoria, y de recuerdos, pero ni se vive de ellos, ni se puede vivir si no hacemos más que mirar el retrovisor cuando conducimos por la senda de la vida. Porque los coches van por delante, y si miramos atrás, no veremos ese coche que frena, esa salida que debemos tomar o esa señal que nos indica que hay que parar.

Hacia tiempo que no escribía, pero hoy una buena persona (sí, María, eres tú, aunque no sé si lo leerás) me ha recordado sin querer que tenía un blog y de vez en cuando escribía cosas. Y he empezado a leer lo poco que llevaba escrito, y me he dado cuenta que en mi primer post no dije toda la verdad, o para ser sincero, mentí. Dije que siempre “había intentado actuar con honradez y honestidad”. Y es una frase con trampa, porque sí es cierto que nunca he hecho daño a nadie (vuelvo a mentir), pero sí me hice daño a mí mismo. ¡Ay! Dichosos recuerdos. Y es que hubo años de mi vida que no actué con honestidad y honradez. Y yo no lo sabía, o sí, ¡qué coño!, pero estaba hiriendo a quién más quiero en este mundo, y lo más importante, a quién más me quiere.

Quizás sea por el tamaño de mi cabeza, pero como he dicho antes, mi memoria es muy buena. Y aunque no quiera, muchas veces relaciono momentos, relaciono lugares, relaciono personas, y hay fantasmas que sobrevuelan mi cabeza. Fantasmas de un pasado que no va a volver, pero que puedo aprender a esquivar y a vivir con ellos. Porque sé que no sé irán, porque no pueden irse, porque lo hecho, hecho está, y porque a todos esos recuerdos negativos, se unen muchas sonrisas y muchos días fantásticos.

Y la mejor manera de solucionarlo es mirar hacia adelante, mirar al futuro, que nos traerá días buenos y días malos, sonrisas y lágrimas, pero es la única forma de anclar el pasado en una esquina del cerebro. Porque el presente es mi destino, y eso sólo está en mis manos. Y sé que he tomado la salida correcta, porque aunque me lleva al lugar de origen de mis fantasmas, a la vez me aleja de ellos. Y no puedo, ni podía seguir en esa rotonda que no tenía salidas. Puedes dar una vuelta, pero no puedes quedarte toda la vida en ella.

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