NO VAN A GANAR

Es una noche preciosa para pasear, una brisa fresca golpea el rostro de Romain mientras camina junto a sus padres, aunque su cabeza no está allí. Todavía recuerda el sabor de los labios de Laetitia cuando esta tarde la ha besado en ese rescoldo de la playa donde nadie podía verlos. Y sabe que mañana podrá volver a besarlos, y pasado, y así hasta el 21. Ojalá no se acabaran nunca estas vacaciones, ojalá nunca terminara este verano, ojalá siempre  Laetitia estuviera a la vuelta de esquina. Pero espera, ¿ por qué corre tanta gente ? ¿ Qué son esos ruidos ? ¿ Qué viene por detrás…?

Ahmad está harto de promesas incumplidas, su negocio sufre constantes cortes de luz, así que sus productos pierden valor y cada vez tiene menos recursos para sacar adelante a su mujer y a sus tres hijos. Junto a su hermano Dost ha cogido el autobus esta mañana para recorrer en cuatro horas los 180 kilómetros que separa su pueblo de la capital. Esa línea eléctrica debe pasar por su provincia porque la necesitan, porque es de justicia. El Gobierno tiene que escucharlos, no pueden dejarlos tirados como siempre ha hecho con su región. Está contento, son muchos los que se han unido y esta vez sí va a valer de algo protestar. Pero espera, ¿ qué grita ese hombre ? ¿ Por qué se quita la mochila.. ?

A un mes de que empiece la Bundesliga y tras un doloroso divorcio, Klaus sabe que tiene que olvidar y curar las heridas de su corazón. Agradece mucho la invitación de su viejo amigo Friedrich para ver un par de conciertos en ese Festival del que tan bien le han hablado. La Oktoberfest se acerca y nunca está de más ir calentando con unas cervezas ante esa semana tan dura. Y quizás esté Magda. Todavía recuerda aquella noche de hace cinco años en la que los minutos parecían segundos, las horas eran minutos y el amanecer les sorprendió mientras se despedían en la estación de autobuses. Ella tenía un marido y dos hijos, y él estaba comprometido con Sonia. Era imposible. Pero las vueltas del destino lo podían hacer posible. Klaus salía con Friedrich de cenar en un restaurante camino del Festival, pero espera, ¿ qué hace ese hombre corriendo hacia aquí ? ¿ Qué está diciendo… ?

Jacques sabe que cada vez le queda menos. Cada día le cuesta más despertarse, y más tras ver a tanta gente querida marchar, pero no puede fallar a Dios, ni puede fallar a sus fieles. Espera que hoy venga Marguerite tras la operación de hace dos semanas. Quiere que Francois venga porque tienen que hablar sobre esa partida pendiente de dominó y le tiene que decir donde compra ese vino tan bueno. Mira, ahí están Julie y Marie. Nunca fallan, siempre a primera hora y con ganas de ayudar al prójimo. Hay que estar con ellas, y mucho más tras la muerte de su hermano Thibaut. Cuando vengan las dos hermanas podremos hablar y empezar con la misa. Ah, ya están aquí. Falta Marguerite, ¿ estará bien ? Luego voy a su casa, pero espera, ¿ quiénes son esos hombres ? ¿ Qué idioma hablan ? ¿ Por qué lleva un cuchil… ?

Romain, Ahmad y Klaus son producto de mi imaginación, pueden llamarse de mil maneras distintas, o ser mujeres, o tener 30 años, u 86 como sí tenía Jacques Hamel, el sacerdote que esta mañana ha sido asesinado en su parroquia, pero tienen algo en común. Todos ellos se han visto afectados por la sinrazón de gente que nos está recordando el dolor y la muerte en nuestros televisores día sí, día no. Puede ser Niza, Kabul, Baviera o un pequeño pueblo de Normandia. Pero son gente como nosotros, con sueños, con una vida por delante, o con una vida por detrás, con problemas, o sin ellos, pero ellos no querían morir. Ni debían morir. Porque Romain tenía muchas chicas que besar, porque Ahmad tenía que ver a su hija convertirse en enfermera, porque Klaus ( nadie ha  muerto, salvo el suicida, por el momento en el atentado sucedido en Ansbach ) tiene que volver a encontrar el amor y disfrutar del Bayern de Munich y Jacques Hamel tenía muchas misas que dar, muchos consejos que repartir y todavía le quedaban muchas hostias por dar.

A todos nos gusta viajar, a todos nos gusta salir a tomar cervezas con amigos e ir a ver un concierto, y debemos seguir haciéndolo. No podemos permitir que fanáticos, que los terroristas nos priven de todo aquello que tanto nos ha costado conseguir. Porque somos imperfectos, claro que sí, pero tenemos derecho a vivir como queramos y a disfrutar como siempre lo hemos hecho y vamos a seguir haciendo. Y desde nuestro pequeño rincón así tenemos que luchar contra ellos, con nuestro ocio y con nuestro estilo de vida. Y debemos dejar a los gobiernos que luchen, y que por favor, cooperen y trabajen para privarles  a estas alimañas de lo más preciado que tiene la vida, la libertad. Y queramos o no, quizás nuestras libertades se tienen que ver recortadas, pero si eso se hace respetando el estado de derecho y sin cometer errores, tenemos que asumirlo como parte de esta situación extraordinaria que nos está tocando vivir.

Sirva este pequeño video del cura normando como homenaje

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